El autor no es más que el canal, es decir, lo que importa no es el quién sino el qué: la obra. Por lo tanto da igual quién yo sea y no vale la pena que entre en detalles del tipo “Nací tal día de tal año…” o “Fui a tal universidad..”, dichos comentarios sólo se harán, como suele decirse en el cine, por exigencias del guión. Baste decir que todo el texto vertido en estas páginas no pretende ofender a nadie, tampoco pretende dogmatizar ni aleccionar, no son más que eso que las diquisiciones de un filósofo en paro.
El filósofo en paro
¿Y por que razón filósofo en paro? Pues bien, porqué, aunque ahora soy bibliotecario en activo, pronto me quedaré en paro y lo de filósofo es por mi insana costumbre hacia el pensamiento abstracto (o al pedo, que dirían en Argentina). Claro que según un profesor que tuve, un filósofo sólo se convierte en tal cuando está muerto, cuando ya no puede defenderse o comentar las interpretaciones sobre su obra. Así que tal vez tampoco sea un filósofo.

En cualquier caso no le den muchas vueltas, si buscan explicaciones lo más parecido a eso lo encontrarán aquí.

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