Los últimos días de un trabajo que dejas son siempre extraños, sobretodo si llevas un buen tiempo trabajando allí. Te pones a pensar en las putadas que te han hecho, en las que has hecho tú, en los buenos momentos, en los malos, en los compañeros que vas a dejar atrás…

Te guardas algún reproche y dejas de recibir alguno. Recibes calurosas despedidas de quién menos te lo esperas y reacciones tibias (por no decir gélidas) de gente con la que has compartido trabajo codo con codo. Y aunque hay cosas que te duelen, te las callas, pues otro tanto hacen los demás. En cierta forma es una especie de estado de excepción, de periodo de gracia. Algo así como un funeral; nadie habla mal del muerto (o, antes de hacerlo, por lo menos se esperan a haberlo enterrado).

[ Suena When the Ship Comes In por Bob Dylan — http://es.youtube.com/watch?v=cVbK1ODWxcA

Versión imprimible de este Post

En esta vida todo puede ir mal, pero aún así el espectáculo debe continuar…

Cualquier otra cosa es de cobardes. No hay lugar para quién abandona.

[ Suena Show Must Go On interpreteda por Queen — http://www.goear.com/listen.php?v=e14cb9d

Versión imprimible de este Post

Dejo de estar en paro, digo. Pues sí, después de 20 meses en paro, en los que se incluye un largo año y medio como becario al servicio de su majestad (Isabel II de Inglaterra, para más señas), a partir del 2 de mayo el que suscribe va a volver a tener un trabajo de esos que cotizan a la seguridad social y ayudan a pagar el alquiler y las facturas.

Ya iba siendo hora pensarán algunos. Bien, decir que, en cualquier caso, todo ha discurrido más o menos según el plan previsto; he acabado mis estudios a la vez que he cobrado el paro durante 16 meses (en los últimos 4 sólo he tenido los ingresos de mi beca) y he currado de becario durante buena parte de este tiempo. No me puedo quejar, pues en tan sólo 3 meses de búsqueda activa de trabajo he encontrado uno que satisface todas mis expectativas, es decir, parece que va a ser un trabajo de lo más interesante y, encima, está muy bien pagado.

Dicho esto me encuentro en la siguiente disyuntiva: Al no estar en paro, ¿puedo mantener el blog con el título actual o debo dejarlo en su totalidad o llamarlo de otro modo? Dejarlo no quiero dejarlo y, a estas alturas, ya me he acostumbrado al nombre. Llegados a este punto sólo cabe una especie de juego malabar; si bien dejaré de estar en paro, dejaré de estarlo como documentalista, pero no como filósofo. Me temo que como filósofo voy a estar siempre en paro y, aunque puede que alguien prefiriera que chapase el garito, no les va a ser tan fácil librarse de mí.

Versión imprimible de este Post

Kant decía que, así como la vista era el sentido asociado a la percepción del espacio, el oído era el sentido asociado a la percepción del tiempo. Por mucho que digan los físicos, el tiempo es siempre una magnitud subjetiva, pues aunque hoy tengamos relojes atómicos de una precisión de un segundo de error cada 10.000 años, las horas, minutos y segundos no dejan de ser una convención. En el fondo el tiempo es algo profundamente subjetivo y la percepción y medida del mismo dependen de cada persona.

Versión imprimible de este Post

Hace un tiempo tomé la decisión más importante y difícil de mi vida. Dejé atrás mi isla. Dejé atrás a mi familia más próxima. Dejé atrás la posibilidad de ser un anodino y gris funcionario… Y me vine para Barcelona. Y lo hice sin tener ninguna seguridad en como irían las cosas, sólo supe que era el momento de cambiar. Era en ese momento o nunca.

Versión imprimible de este Post

Hace poco, una amiga me comentó su imposibilidad de “hacer teatro” en según que situaciones. Estuve dándole vueltas al asunto hasta darme cuenta de que a mí no. De hecho llevo largo tiempo haciendo teatro. Todas las personas hacemos teatro. Es más, la etimología de persona viene del griego “máscara”, de la máscara que llevaban los actores para mostrar sus emociones y canalizar su voz (estas máscaras recibían en latín el nombre de “per sona”, para sonar). Así pues, la personalidad no deja de ser una máscara que nos ponemos, consciente o inconcientemente, para que los demás nos identifiquen.

Versión imprimible de este Post

Los restos después del naufragio…


Versión imprimible de este Post

Ustedes y yo tenemos que darnos un tiempo. Lo de estos últimos días (me atrevería a decir semanas) no ha estado bien. Nada bien. Los he metido a todos, implicados y no implicados, en una historia que debería haber resuelto en privado. Les he hecho partícipes de una parte de mí que probablemente preferirían no conocer. Les pido disculpas a todos.

Versión imprimible de este Post

Aún a riesgo de espantar al personal, voy a continuar con lo que empecé en la última entrada. Se lo debo a usted. Pero no es ésta una deuda que tenga que saldar como una especie de venganza. Y aunque por mi tono haya podido sonar así, esa no ha sido nunca mi intención.

Versión imprimible de este Post

Esta entrada es sólo para usted. Sólo para usted. Seguro que le suena. Usted ya me escribió una y yo le debía una respuesta. Se ha hecho esperar. Tal vez, si no hubiera pasado lo que ayer pasó, jamás hubiera sido escrita. Pero esté usted bien segura que esta respuesta se la tenía guardada.

Versión imprimible de este Post

La verdad es que últimamente este blog estaba tomando un cariz bastante lúgubre: olvidos necesarios, secretos casi inconfesibles, sueños cumplidos, cruel indiferencia, deseos de haber hecho las cosas de otra manera, solipsismos infranqueables, alegorías laborales de esperanzas rotas… Y para acabarlo de redondear, nada más y nada menos que instrucciones para un suicidio. No, la dinámica no era muy positiva que digamos.

Y entonces, cuando te encuentrás atrapado entre las olas sin poder salir, bebiendo pócimas para no soñar, asomándote a precipicios de abismos insondables, jugando con fuegos que pueden acabar consumiéndote, entonces viene alguien que te recuerda que ni los días son tan oscuros, ni las horas son tan tristes, que te da un motivo para no cortarte de un tajo las venas.

Versión imprimible de este Post

En la antigüedad, desde antes de los griegos hasta la cristianización del Imperio Romano, el suicidio era considerada una muerte honorable. Dos mil años de cristianismo hicieron mella en ese pensamiento. Con el cristianismo, el suicidio no sólo pasó a ser pecado, sino también un refugio de cobardes (como si decidir darse muerte a uno mismo fuera una decisión sencilla). Pese a esto, un terrible siglo XX ha dado pie a que reconocidos pensadores (y no tan reconocidos) reflexionaran de nuevo sobre ello abiertamente.

Versión imprimible de este Post

Tú corazón te da un vuelco. Podría ser ella. Es su corte de pelo, su manera de vestir, su manera de moverse… Pronto te das cuenta que no es ella. No te hace falta ver su rostro. Lo sabes y aún así la sigues, negando la evidencia, esperando que tal vez finalmente lo sea.

Recorres las calles durante tus horas muertas, buscando su rostro en otros rostros.

Versión imprimible de este Post

Seguro que han oído mil veces ésta o frases similares. Una buena hostia a tiempo… Mis padres nunca creyeron en esta metodología de enseñanza. Educar a los hijos a base de hostias sólo tiene como resultado reproducir este esquema violento a lo largo de las generaciones. No se obtiene ningún beneficio y sí mucho dolor.

Aún así, una vez (la única de hecho) me gané una buena hostia.

Versión imprimible de este Post

Es la primera vez que aparece en tus sueños. Por lo menos la primera que tú recuerdes. La escena no encaja, pero claro: es un sueño. Las tres están en el rellano de una escalera que tiene un siniestro parecido con la de tu instituto, los mismos escalones, las mismas barandillas, los mismos azulejos… Y eso es lo que no encaja; jamás fuisteis al mismo instituto, ni tan siquiera estábais en la misma ciudad por aquel entonces. No es más que un sueño, te repites.

Versión imprimible de este Post

Next Page »